Por: Mgs. Juan Francisco Egas A. – Mejía Sostenible
Hablar del cantón Mejía es hablar de potencial. Un territorio privilegiado, con paisajes andinos, producción agrícola y ganadera, y una ubicación estratégica dentro de la provincia de Pichincha. Pero también es hablar de una oportunidad que, hasta hoy, no se ha sabido aprovechar: la captación de recursos internacionales.
Y aquí es donde vale la pena ser claros. El problema no es la falta de oportunidades, sino la falta de capacidad para gestionarlas.
Hoy más que nunca, esta discusión es urgente. Con la aplicación de la nueva distribución presupuestaria para los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD), los municipios enfrentan una reducción significativa en los recursos que reciben del Estado central. En este nuevo escenario, depender únicamente del presupuesto público ya no es suficiente. La única alternativa responsable es salir a buscar financiamiento: fondos internacionales, cooperación técnica y alianzas estratégicas que permitan sostener e impulsar proyectos en el territorio.
Sin embargo, el GAD Mejía no lo está haciendo.
La cooperación internacional no funciona con buenas intenciones. No basta con decir que se necesita inversión o que hay potencial turístico. Los organismos internacionales financian proyectos sólidos, con estructura técnica, indicadores claros, impacto medible y sostenibilidad en el tiempo. Y esa es precisamente una de las grandes debilidades del municipio: no cuenta con una capacidad institucional consolidada para formular este tipo de proyectos.
Esto no es un detalle menor. Es una limitación estructural que deja a Mejía fuera del juego.
A esto se suma otro problema igual de importante: la confianza institucional. Los financiadores internacionales no solo evalúan proyectos, también evalúan a quién le entregan los recursos. Buscan instituciones transparentes, con sistemas claros de rendición de cuentas y capacidad de ejecutar correctamente el dinero. Cuando estos elementos no están fortalecidos —o no son visibles—, simplemente los recursos no llegan.
Y hay algo más: el mundo ya definió hacia dónde van los fondos. Cambio climático, sostenibilidad, desarrollo rural, equidad, resiliencia. Mejía tiene todo para encajar en esas agendas. Pero no basta con tener el potencial; hay que saber presentarlo. Hoy, ese potencial no está siendo traducido en proyectos alineados con estándares internacionales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En otras palabras, Mejía tiene con qué competir, pero no está compitiendo.
Finalmente, está el tema del posicionamiento. La cooperación internacional también se construye con relaciones: redes de ciudades, alianzas, presencia en espacios donde se generan oportunidades. Y en ese ámbito, el GAD Mejía sigue siendo un actor casi invisible.
Todo esto nos lleva a una conclusión incómoda, pero necesaria: el cantón no está perdiendo recursos por falta de potencial, sino por falta de gestión.
En un contexto donde el presupuesto se reduce y las necesidades crecen, esta realidad ya no es sostenible. Mejía necesita dar un giro. Profesionalizar su gestión, invertir en capacidades técnicas, construir confianza institucional y salir activamente a buscar oportunidades.
Porque hoy, más que nunca, el desarrollo no depende solo de lo que se tiene, sino de lo que se es capaz de gestionar.
Y ahí, claramente, todavía estamos en deuda.
En este punto, seguir señalando el problema ya no es suficiente. La evidencia es clara y el tiempo apremia. Cada convocatoria que pasa sin ser aprovechada, cada alianza que no se construye, cada proyecto que no se formula, es una oportunidad perdida que no vuelve.
Mejía no puede seguir permitiéndose ese costo silencioso.
Es momento de tomar decisiones. De exigir una gestión pública a la altura de los desafíos actuales, de priorizar la capacitación técnica, de fortalecer la institucionalidad y de abrir el cantón al mundo. No como un discurso, sino como una práctica constante y medible.
La responsabilidad no recae únicamente en las autoridades, sino también en una ciudadanía que debe demandar resultados, transparencia y visión de futuro.
Porque el desarrollo no va a llegar solo, ni por inercia. Se construye y se gestiona.
Y la pregunta ya no es si Mejía tiene potencial, sino si estamos dispuestos —como autoridades y como sociedad— a hacer lo necesario para dejar de perder oportunidades y empezar, de una vez por todas, a aprovecharlas.
